martes, 21 de agosto de 2012

Algo


El hombre alimenta su ego acosta de la autoestima de los demás y aunque no es reconocido por mucho, es así; en tanto que uno desea ser deseado, no le completa ser deseado,
El amor desea, el temor evita. En esto consiste que no se pueda ser al mismo tiempo amado y respetado por una misma persona, por lo menos al mismo tiempo. Pues el que respeta reconoce el poder, es decir, teme; su estado es un temor respetuoso. Pero el amor no reconoce ningún poder, nada que separe, que distinga, que establezca superioridad e inferioridad de rango.
El amor incondicional es amar a otro sin condición alguna. Desafortunadamente, nuestra mezquindad nos lleva a racionalizar el amor: si tú me das, yo te doy; si cumples con ciertas condiciones, yo te amaré; si tú eres atento, yo seré atento; si tú me cuidas, yo te cuido; si tú eres cariñoso, yo seré cariñoso. Y así vamos reglamentando lo que nuestro corazón siente o debe sentir por otra persona.
La expresión más sublime del amor incondicional es la de una buena madre, la cual, sin importar las características de su hijo, le seguirá amando…En cambio , en la relación de pareja es donde se encuentran las máximas manifestaciones de amor condicional, incluso se llega a amar a un ser que no existe. Así, encontramos las expresiones: “la amaría si fuera capaz de cambiar, de ser más amable, cortés, puntual, dejara de fumar, beber, etc.”. Se llega a amar a un fantasma del debe ser, pero al que es real no lo logramos aceptar.El ser humano tiende a idolatrar al se amado por temor a ver la realidad, en cambio dicho temor lo convierte en real. La Madre Teresa de Calcuta definía el amor limitado como aquel que está condicionado a que otro te ame; en cambio, el amor ilimitado se basta a sí mismo.

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