lunes, 20 de agosto de 2012

Sin título I


Es indescriptiblemente agonizante el uno no poder expresar sus sentimientos debido al funcionamiento de los demás. Una persona cualquiera diría: "¡Ingenuo! Tus acciones no deben depender de los demás" vale vale, tienes razón, pero al final, nuestros sufrimientos vienen determinados por terceras personas no por nosotros mismos. Me explico, yo puedo deicr que no fundamento mis acciones en los demás. pero son los demás los que condicionan, tan sólo en una parte, cómo me siento yo. Ojalá fuera tan fácil como hablar con otro y expresarle tal y cómo te sientes, contarle tus inseguridades, tus miedos, aquellos aspectos que te hacen mas humano, en cambio, aunque conscientemente la otra persona te entienda, quiera y comprenda, inconscientemente ve tus debilidades y, aunque sea la mejor de las personas, en cierta medida las aprovecha, por que el ser humano va a lo que va, a lo suyo, el ser humano es egoísta y en el no existe el desinterés. En ocasiones los intereses similares de dos personas los pueden llegar a hacer muy compatibles pero es en esencia egoísta porque si no fuera así la gente nunca se separaría, nunca lo pasaría mal, nunca lloraría... De este "amor" interesado, en mi humilde opinión, sólo el amor de una madre o un padre se salvan.

Estos sufrimientos que nos causan los demás son más cotidianos en todos nosotros de lo que nos gustaría reconocer, el problema es que etiquetamos dichos problemas de una forma, cuando en realidad su origen es muy distinto, tiene una raíz mucho más profunda. El remedio para esto es hacerse, como diría Jorge Bucay. autodependiente, que es una especie de pseudoindependencia, pero es realizable. Verdaderamente no es la cura, ya que volvemos a centrarnos en el "auto" el yo. el egoísmo. pero es la "menos mala" de las soluciones. Éste egoísmo es contagioso pues la única forma de no sufrir es hacerte participe de este círculo vicioso, y al final, a nadie nos gusta sufrir.

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